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¿Qué ver en Martina Franca?

¿Qué ver en Martina Franca?

Enmarcada entre olivares y la vibrante macchia mediterránea, se alza la pintoresca Martina Franca, una elegante ciudad situada en el Valle de Itria. Con su fascinante estilo barroco, esta localidad se encuentra en una meseta kárstica a 400 metros sobre el nivel del mar, a pocos pasos de la famosa Alberobello. Sus raíces antiguas afloran a través de hallazgos de poblaciones prehistóricas, pero su nombre actual le fue otorgado por Felipe I de Anjou, quien le concedió privilegios perpetuos.

Famosa por su fascinante concentración de arquitectura barroca, calles empedradas y palacios adornados con las características flores de hierro forjado, Martina Franca ofrece a los viajeros una experiencia única. Esta encantadora ciudad no es solo una oda a la estética barroca, sino también una invitación a deleitar el paladar con auténticas delicias gastronómicas, entre las que destaca el famoso capocollo, al que los lugareños llaman cariñosamente «chépcùdd». Veamos cuáles son los lugares más importantes para empezar a marcar en el itinerario turístico qué ver en Martina Franca.

1. Casco antiguo y Plaza del Plebiscito

El siglo XVIII representa el apogeo de la grandeza de Martina Franca, una época en la que se erigieron monumentos e iglesias que aún hoy dominan el centro histórico. Este último cautiva a los amantes del arte barroco y a los curiosos en busca de autenticidad con sus callejuelas empedradas de mármol, sus casitas blancas y sus pequeñas tiendas donde adquirir recuerdos especiales de la Valle de Itria.

Entre las estrechas callejuelas del centro histórico se esconde una auténtica joya: la iglesia de San Domenico, un complejo arquitectónico construido en el siglo XV. La imponencia de la iglesia y la belleza del convento anexo destacan con fuerza, creando una atmósfera evocadora. El claustro, caracterizado por columnas y arcos con bóvedas de estrella, ofrece una experiencia única y cautivadora.

La fachada de la iglesia de San Domenico, de clara inspiración leccese, revela su originalidad en los detalles de los capiteles. El portal de entrada, adornado con el escudo del Vaticano y dos querubines, transmite una sensación de sacralidad y belleza sin igual, que merece la pena admirar al menos una vez en la vida.

Al llegar a la Piazza Plebiscito, el Palacio de la Universidad y la Torre Cívica con el reloj de 1734 captan la atención por su imponencia, regalando a los visitantes una experiencia visual inolvidable. A poca distancia de este importante centro se encuentra la famosa Piazza Maria Immacolata, que se presenta como un fascinante entramado de pórticos, diseñados con maestría por Davide Conversano. Rodeada por los palacios Fanelli, Caramia de la via Cavour y el palacio Marino Motolese, esta plaza representa una auténtica joya arquitectónica, un lugar especialmente apreciado tanto por los lugareños como por los turistas.

Martina Franca, además de su patrimonio histórico y artístico, también es famosa por su gastronomía. El capocollo, símbolo de la ciudad, encierra en sí mismo una elaboración artesanal que lo hace único. Conservado en trulli y aromatizado con hierbas mediterráneas, se convierte en un placer para el paladar.

En pleno centro histórico no puedes dejar de probar las delicias de Martina Franca, entre las que destaca el famoso capocollo, ingrediente favorito para bocadillos o para degustar al natural. Este delicioso embutido de Martina Franca, conservado en los típicos trulli y aromatizado con hierbas mediterráneas, es una explosión de sabores que deleita los sentidos, ideal para el aperitivo o para almuerzos rápidos. Y para terminar con un toque dulce, varios bares y locales del centro histórico permiten saborear el bocconotto, similar al pasticciotto de Lecce, que conquista a todos los paladares con su fragante masa quebrada rellena de crema y cerezas amargas.

2. Basílica de San Martín

Si deseas visitar la provincia de Taranto pero aún no sabes qué ver en Martina Franca, la Basílica de San Martino no puede dejar de ser una parada imprescindible en tu recorrido. Esta iglesia se encuentra justo al lado de los edificios históricos de la Piazza Plebiscito, por lo que, para quienes recorren a pie el centro histórico, es un lugar de interés que merece la pena visitar.

Expresión del rococó martinés y construida en 1747 como respuesta al terremoto de 1743, el genial proyecto inicial de la basílica, obra del bergamasco Giovanni Mariani, fue refinado y perfeccionado por Giuseppe Morgese junto con sus hijos Francesco y Gaetano Morgese, con la colaboración de Pasquale Montanini.

La fachada, imponente con sus 37 metros de altura y construida con la emblemática piedra caliza de la zona, se divide en dos órdenes enriquecidos por franjas de pilastras con capiteles mixtos. El altorrelieve central, que representa a San Martín cortando su capa con la espada, capta la mirada de todos los visitantes a través de una concha decorativa típica del rococó y transporta al observador a una atmósfera de elegancia y majestuosidad.

Las nichos de la fachada albergan una sugerente galería de santos, entre los que se encuentran San José con el Niño Jesús, San Pablo, San Pedro y San Juan Bautista. Además, los detalles arquitectónicos, como el balcón pontificio y el frontón partido, contribuyen a crear una extraordinaria armonía visual que culmina en la parte superior del edificio, coronada por un elaborado frontón con el escudo del obispo de Tours.

Emociona también la Capilla de la Natividad, un auténtico tesoro que custodia la obra maestra escultórica de Stefano da Putignano, renombrado maestro del Renacimiento apuliano. A través de sus obras en piedra pintada, caracterizadas por un realismo extraordinario, destaca su habilidad para plasmar con maestría a José, María y los dos ángeles orantes, mientras que el Niño Jesús, el buey y el asno son añadidos posteriores a la composición original. El belén se ve enriquecido además por un notable fresco, realizado en 1777 por Pietro Cataldo Mauro, un apreciado artista solicitado tanto para encargos públicos como privados.

El mural, que representa la Adoración de los Pastores, crea una atmósfera bucólica, en sintonía con la corriente cultural arcádica que se extendió en el siglo XVIII también por Martina Franca, evidente en las residencias nobiliarias, con el Palacio Ducal a la cabeza. Antes de abandonar el santuario, no se puede pasar por alto la lápida situada estratégicamente a la salida, un detalle conmemorativo que celebra la importante elevación de la iglesia a basílica en 1998, rindiendo homenaje a su relevancia histórica y espiritual.

Dejarse envolver por la magnificencia de la Basílica de San Martino es una experiencia cautivadora que no solo ofrece una visión tangible de la historia y el arte de Martina Franca, sino que se configura como una auténtica inmersión en la espiritualidad y la grandeza arquitectónica de esta fascinante ciudad.

3. Palazzo Ducale

¿Qué más hay que ver en Martina Franca? Los turistas que llegan a esta pequeña ciudad no pueden evitar quedar cautivados por la imponencia del Palazzo Ducale, un edificio del centro histórico que narra siglos de historia de la región de los trulli. Construido originalmente en 1668 sobre los cimientos del antiguo castillo de Raimondello del Balzo Orsini, de 1338, el palacio fue encargado por el octavo duque de Martina, Petracone V Caracciolo.

Diseñado con una visión que evoca el esplendor de los palacios romanos, este edificio de Martina representaba un símbolo tangible del poder y la riqueza de la familia. Con nada menos que 300 habitaciones, capillas, establos, patios, teatro y casa de huéspedes, el Palacio Ducal estaba destinado a convertirse en una residencia decididamente majestuosa y confortable. Sin embargo, su finalización original se vio comprometida por los elevados gastos incurridos durante su construcción, y solo el ala oriental se terminó en 1773 por obra del duque Francesco III.

La arquitectura del palacio presenta una fachada dividida horizontalmente por una galería de hierro forjado y verticalmente por pilastras decorativas. El portal, con un amplio arco ojival, está flanqueado por dos semicolumnas de orden toscano, coronadas por una lápida en la que figura el año de construcción del palacio. Decoraciones militares y máscaras apotropaicas adornan la parte superior de la pared, aportando un toque de elegancia y misterio.

La entrada al Palacio Ducal se realiza a través de un suntuoso portal barroco, que conduce a los interiores reales. Aquí, las suntuosas estancias, con paredes rococó moldeadas, dan paso a salas preciosas como la Capilla de los Duques, la Sala de Arcadia, la Sala del Mito y la Sala de la Biblia. Estas salas, decoradas con maestría por Domenico Carella en 1776, narran historias a través de frescos y obras de arte, creando un fascinante viaje al noble pasado de Martina Franca. El Palacio Ducal es, así, no solo un lugar de extraordinaria belleza arquitectónica, sino también un testimonio vivo de la historia y la cultura que impregnan el Valle de Itria.

Para completar plenamente la mágica experiencia en Martina Franca, ¿por qué no optar por alojarse en una auténtica vivienda apuliana? Situada en un entorno tranquilo y pintoresco, la estructura Trulli il Castagno permite vivir plenamente la magia del Valle de Itria, combinando el confort moderno con la historia que impregna los muros de piedra de estos edificios tradicionales. Con una cálida hospitalidad y un entorno único, esta opción de alojamiento añade un toque especial a la exploración de Martina Franca, regalando un recuerdo inolvidable de este encantador rincón de Apulia.


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